El 18 de mayo de 2025, en la Capilla Sixtina y entre los cardenales electores, el Papa S.S. León XIV celebraba la Santa Misa con la que daba inicio a su pontificado.
En el momento de la consagración, el Santo Padre elevó el cáliz: una pieza de diseño original sin dejar de ser clásico, en cuya copa dorada destacaban esmaltes de un bello color rojo traslúcido —el que en la tradición esmaltista española se llamó rosicler.
La emoción de este momento fue doble para nosotros al reconocer en aquel cáliz la traza inequívoca de las obras de nuestros Talleres. La investigación identificó el cáliz como el que las diócesis de España regalaron a S. S. Pío XI en 1929 con motivo de sus bodas de oro sacerdotales.
En GRANDA tenemos la inmensa suerte —y responsabilidad— de ser una empresa ya más que centenaria dedicada a la labor por la que se fundó y comprometida con sus valores originales.
Desde que don Félix Granda y Buylla se consagrara al arte sacro en 1891, inmediatamente tras su ordenación sacerdotal, han salido de nuestros Talleres de Arte decenas de miles de obras litúrgicas.
Nuestros valores fundacionales son la atención a la liturgia, el servicio a la Iglesia y la fabricación artesanal a mano. Con el tiempo se ha perdido la memoria de muchas obras, por lo que es siempre motivo especial de alegría cuando afloran cumpliendo aún su función litúrgica.
No imaginábamos que fuéramos a ver tan pronto, de nuevo, una obra histórica de nuestros Talleres de Arte en manos de el Papa S. S. León XIV. Pero nos llenó de alegría saber que una de las piezas conservadas en el Museo de la Catedral de la Almudena había sido la custodia elegida para la procesión del Corpus Christi en Madrid, en la primera visita del Papa a España.
El propio Santo Padre procesionó el Santísimo Sacramento en ella, dando así un significado histórico excepcional a esta pieza conservada durante décadas en la catedral madrileña.

A diferencia del cáliz de S. S. Pío XI, la custodia conservada en la catedral de la Almudena era una pieza modesta, creada en 1943 para la capilla del colegio de la Sagrada Familia de Vallehermoso —convertido hoy en el Teatro de la Abadía y gestionado entonces por la Junta Provincial de Protección de Menores de Madrid.
Quien no conozca la trayectoria de nuestra empresa quizá no detecte esa modestia. En esta custodia se hace visible el cuidado que don Félix Granda otorgaba a todas las obras litúrgicas: aunque las circunstancias económicas impusieran un diseño más sencillo, todas las obras tuvieron siempre una dignidad suficiente en sus materiales, fabricación y belleza.
El colegio de la Sagrada Familia se erigió tras la Guerra Civil en el lugar donde se había ubicado el asilo y colegio de las Hijas de la Caridad. Estuvo a cargo de la Junta Provincial de Protección de Menores de Madrid y su capilla fue proyectada por el arquitecto José María de la Vega y Samper.
Aunque en la descripción del proyecto publicada en la Revista Nacional de Arquitectura (n.º 39, mar. 1945, pp. 85–91) no se menciona a los Talleres de Arte, las fotografías del artículo muestran mobiliario e imágenes litúrgicas, todos ellos modelos bien conocidos de nuestra empresa.
La capilla fue cerrada en 1977 y transformada posteriormente en el actual Teatro de la Abadía.
No conocemos hoy los detalles de aquel encargo, puesto que aún no se han investigado y forman ya parte de la historia.
La producción de los Talleres es inmensa y la documentación conservada es escasa, especialmente la correspondiente a los años de la Posguerra. Se estima que solo entre 1939 y 1952 se realizaron en torno a diez mil obras, entre proyectos y objetos.
Una característica distintiva era introducir variaciones en los diseños cada vez que se realizaban: aunque se partiera de un mismo modelo, el resultado era siempre único. En este caso, se partió de un modelo cuyo ejemplo más destacado es la custodia de la Adoración Nocturna de Oviedo, conservada en el Museo de la Catedral de Oviedo, realizada en 1922.
La versión realizada para el colegio de Vallehermoso conserva la belleza y dignidad del diseño original aun presentando simplificaciones decorativas propias de los años de carestía y racionamiento posteriores a la Guerra Civil.
La custodia fue realizada en plata dorada, cincelada y repujada, con vegetación en su base, y sencillamente ornamentada con perlas, brillantes, amatistas y esmaltes, estos últimos probablemente procedentes de alguna donación.

El pie de la custodia que llevó el Papa presenta una decoración repujada con motivos de cinta entrelazada, vegetación y aves. Para Félix Granda, las flores y frutos en los objetos litúrgicos expresaban la alegría con la que se ornamenta el altar y el anuncio de una primavera perpetua.
Se inspiraba para esta interpretación en los versos de san Paulino de Nola (Poema XIV, De S. Felice natalitium, carmen III):
«Cantad, niños, vuestras alabanzas al Señor, y reunidos en vuestros santos coros entonad vuestros cantos de júbilo. Esparcid vuestras flores por la tierra y adornad los umbrales con guirnaldas. Dejad que el invierno dé aliento al fulgor de la primavera, y que el año brote antes de su tiempo.»
Las aves, por su parte, suelen representar las almas inmortales de los fieles.
El fuste de la custodia del Papa presenta figuras de ángeles y está rematado por media esfera que sirve de base a la cabeza. Aunque en la custodia de Vallehermoso esta esfera no aparece ornamentada, en otras versiones del modelo representa el orbe del Universo, es decir, el Cosmos representado como escabel del Trono del Cordero.
Dos ángeles en relieve parecen sostener la cruz patada inscrita en la cabeza, en cuyos brazos —ornamentados con esmaltes de trasflor y champlevé— se contiene la representación en tondos del Tetramorfos. Las ráfagas se sustituyen por una delicada ornamentación calada realizada mediante hilo de plata torsionado.
En el Museo de la Catedral de la Almudena se conservan otras obras históricas relevantes de nuestra empresa. Entre ellas destacan:
• El cáliz empleado en la ceremonia matrimonial de SS. MM. don Felipe VI y doña Letizia.
• La custodia de la Adoración Nocturna de Madrid, otra pieza emblemática de nuestros Talleres.
Ambas piezas son testimonio de la continuidad y relevancia de los Talleres de Arte GRANDA a lo largo de más de un siglo de historia litúrgica en España.
